PERSONAL SANITARIO, GRACIAS

Dedicado en especial a las personas del Hospital Arnau de Vilanova. Y muy especialmente a las personas de la tercera planta que atienden el COVID-19 Es difícil saber cómo empezar estas líneas, e igual de difícil no

Dedicado en especial a las personas del Hospital Arnau de Vilanova.

Y muy especialmente a las personas de la tercera planta que atienden el COVID-19

Es difícil saber cómo empezar estas líneas, e igual de difícil no emocionarse. Tal vez la forma más correcta sería recordar absolutamente a todas aquellas personas que con sus trabajos cotidianos se convirtieron en extraordinarias. De todas formas, yo hoy y aquí voy a centrarme en lo que he vivido, sin ánimo de querer dejar atrás otros oficios y personas.

Todos trabajamos por dinero. Es lo normal. Pero lo que yo he vivido en el hospital va mucho más allá del mero trabajo. Al inicio, al mencionar personal sanitario en el título me refiero absolutamente a todas las personas que están allí.

Limpiadoras, ayudantes, celadores, enfermeras, médicos, etc. Todos sabemos cuál es su trabajo y no hace falta hacer mención de ello. Lo que es inevitable de mencionar, lo que no se puede pasar ni por un momento por alto, es su humanidad y su amor por lo que hacen. Nos aguantan como enfermos. A veces el comportamiento de un enfermo no es ejemplar, aunque sepamos que tiene disculpa. Pero estas personas están allí contigo, te escuchan, te tocan la mano, el hombro o el brazo y recuerdas lo que es el calor humano. Hacen que no te sientas solo. Siempre vienen a verte con una sonrisa, siempre con palabras de ánimo, atenciones mil que no son obligatorias y que curan tanto como la medicina que tomamos. Estas personas trabajan porque, al igual que todos, tenemos que hacerlo. La suerte que tenemos es la bondad y la ternura con la que lo hacen. Dicen que el que tiene la suerte de trabajar en lo que le gusta no trabaja. Se nota el amor con el que estas personas se dedican a su labor. Me gustaría acabar este homenaje, agradecimiento y mil adjetivos más que pondría explicando la historia de la persona que me acompañó de vuelta a casa en la ambulancia. Era de Tàrrega. Me contaba justo lo que yo estaba pensando, lo extraordinarias que son estas personas y lo bien que le habían tratado. Su paso por la UCI ha sido mucho más duro y difícil que el mío. Por lo visto tuvieron que abrirle el pulmón y conectar una infinidad de tubos. Su recuerdo más fuerte es el que más impresionado me contaba: durante los 30 o 40 minutos que estuvo temblando mientras le hacían todo esto. Y lo que recuerda es cómo una enfermera le agarró fuertemente la mano durante todo el proceso. Él está convencido de que esa mano fue una parte tan importante como la que hicieron el resto de médicos. Él decía que esa mano le hizo quedarse en este mundo. Luego continuó alabando lo mismo y que no hace falta que os repita. Por todo esto, no he podido dejar de escribir este pequeño texto que queda muy lejos de lo que estas personas me han hecho sentir y nos hacen sentir cuando nos cuidan. Gracias por todo. Es una suerte que las personas puedan dedicarse a lo que las apasiona.

Juan Juncosa

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