Covid, la enfermedad

Son las doce de la noche. Escribo postrado en la cama del hospital. He pasado por una angina de pecho por dar positivo en Covid: venir a buscarme una ambulancia a casa, ingresar en el

Son las doce de la noche. Escribo postrado en la cama del hospital. He pasado por una angina de pecho por dar positivo en Covid: venir a buscarme una ambulancia a casa, ingresar en el hospital, pasar de planta a la UCI (unidad de cuidados intensivos), tener que respirar con una mascarilla de oxígeno y un catéter directo al corazón. Y ahora mismo sigo necesitando oxígeno para respirar correctamente. Aunque al parecer estoy fuera de peligro, sigo teniendo neumonía. que es una parte del Covid.
Me alegro profundamente por aquellos que gracias a la vacuna no tengan que pasar por esto. Me alegro también por aquellos asintomáticos o personas que lo pasan de forma leve. Pero hay una realidad que gracias a Dios parece que he superado. Hay personas que mueren por esto. Las cosas cotidianas ahora me parecen extraordinarias. Algo tan sencillo como que me permitan levantarme y ducharme. Hasta ahora me lavaban las enfermeras con esponjas tumbado en la cama. Hay que pasar por esto para no solo comprender, sino entender el amor de estas personas por los demás. Es su trabajo, sí, pero no está pagado. Son personas de enorme corazón que están encantadas de cuidarte y atenderte.

Tal vez ahora que empiezo a mejorar vale la pena reflexionar sobre la cuestión de la mente y el cuerpo. Mi cuerpo no responde aún como debe. Imaginaros mis primeras rehabilitaciones: aspirar por la nariz y sacar aire por la boca, y empezar a levantar brazos y piernas cada hora y media para no forzar la respiración.

El cuerpo va a su ritmo, lento y seguro, y parece que acabaré recuperándome.
La mente es otra historia. Las preocupaciones aparecen sin cesar. Ahora que parece que saldré de esta, las preocupaciones son la salud de los que me han rodeado, los contagios que he podido hacer, el trabajo y un largo etcétera.
La verdad es que postrado aquí sin poder hacer nada más que pensar y entender que la vida es para cuando ella quiere. Quizás en mis momentos de iluminación, que son pocos, me doy cuenta de algo que siempre he sabido pero quizás ahora sé de forma más consciente: lo material es necesario, pero solo la parte que nos permita sobrevivir, y tener gente cerca que te aprecia o se acuerda de ti aunque sea en estos momentos no tiene precio.

Cierro con una reflexión que os pueda servir: no te conformes con lo que te sucede, pero no vivas solo buscando cosas materiales, hay que tenerlas por necesidad, no por vicio. Rodéate de felicidad, disfruta de la vida y de los tuyos. Eso es lo que siempre te vas a llevar. Y reparte siempre toda la felicidad que puedas.

Un abrazo para todos y espero recuperarme rápido para seguir inspirando a esos maravillosos seguidores que sois de mis artículos.

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